La envidia es una pasión muy negativa, pero también muy humana. Es importante saber controlar las emociones negativas que experimentamos. Puede que la envidia le amargue a una persona ciertas situaciones concretas o que se convierta en el eje de su vida. La “Duda del rey” nos cuenta una breve historia sobre la envidia, tan negativa y tan humana.

El rey de un lejano país quiso saber durante una discusión si era peor la envidia o la tacañería. Para averiguar la respuesta a este interrogante mandó llamar a dos hombres: al más envidioso y al más tacaño de todo el reino. Cuando los tuvo al frente les dijo: “Cada uno de ustedes, pida lo que quiera. Pero le daré el doble al otro”.

El tacaño se sintió muy incómodo. Al pedir algo, también estaría dando algo. Al envidioso le pasó algo similar. El tacaño dijo entonces que no deseaba nada. Si no le daban nada a él, tampoco le darían al otro. Llegó el turno del envidioso y este dijo:deseo que me saquen un ojo”.

Una persona envidiosa está dispuesta a sufrir, si con ello logra que el otro sufra más. La envidia es el dolor que sobreviene por el bien ajeno. Se trata de una pasión que casi todas las personas sentimos alguna vez en nuestras vidas. Se genera cuando no tenemos bien afianzada nuestra identidad y medimos nuestros logros a través de los otros, y no en función de nosotros mismos.

La envidia se cura y la forma de hacerlo es acudir a dos vías. La primera es la compasión: los demás también tienen sus propias carencias, sus propios sufrimientos y les cuesta obtener lo que tienen. La segunda vía es reconocer que lo nuestro también vale y que debemos luchar por conseguir lo que deseamos.

¡¡Feliz semana a todos y no os olvidéis de sonreír por favor!!