La historia de hoy nos habla de un caballero valiente y aguerrido, que se cansó de realizar hazañas en los cuentos de hadas y decidió ir al mundo real a enfrentarse a los desafíos de los seres humanos…

En un lejano reino del país de la fantasía, vivía un valiente caballero que fue requerido por casi todos los reinos para enfrentarse a fascinantes personajes que atemorizaban a sus habitantes. Él solo había enfrentado monstruos de varias cabezas, dragones furiosos y ogros malvados. A todos los había vencido y por eso se le consideraba el más valiente de cuantos hubieran existido en el país de la fantasía.

Sin embargo, nuestro valiente caballero de repente se aburrió de los cuentos de hadas. Ya sabía cómo vencer a todos los seres fantásticos y sentía que había llegado la hora de probar algo nuevo. Por eso decidió salir de los cuentos de hadas y visitar el mundo real. Quizás allí encontraría nuevos y fascinantes desafíos que apartaran esa sensación de aburrimiento que le invadía.

Dicho y hecho. Gracias a los conjuros de las brujas, que conocía de memoria, el valiente caballero salió del mundo de la fantasía y llegó al mundo real. Estaba encantado con todo lo que veía, pero desde el principio entendió que en este nuevo mundo existía una amenaza muy poderosa. Se reflejaba en la cara de la gente y él estaba ansioso por enfrentarla. Las personas que le rodeaban estaban muy angustiadas. Caminaban por la calle con el rostro muy serio y la mirada totalmente apagada. Iban muy de prisa y era evidente que estaban dominadas por el miedo. Casi no toleraban que alguien se les acercase y se veía muy tensos. El valiente caballero pensó que esta sería una gran oportunidad para enfrentar los enemigos del mundo real y para escribir un capítulo maravilloso en una historia inspiradora.

Buscó en cada calle y en cada esquina, pero no veía nada que inspirase temor. Pasó el tiempo y siguió sin entender a qué le temían todas esas personas de mirada apagada y tensa. Por más que indagaba, el caballero no encontraba ni dragones, ni brujas, ni ogros, ni nada que realmente pusiera en peligro a toda esa gente. Confundido, decidió volver al país de la fantasía.

En los cuentos de hadas habitaba un viejo sabio que muchos príncipes azules y caballeros osados consultaban. Nuestro héroe lo buscó por los bosques encantados y lo encontró, como siempre, meditando cerca de un río. Sin dudarlo, se acercó a él para ver si podía resolver su gran interrogante. ¿Por qué la gente del mundo real estaba tan asustada?

El viejo sabio le dijo que en el mundo real no existían monstruos malvados, ni ogros, ni brujos. Por eso, los humanos habían tenido que inventar enemigos, pero el problema es que no estaban fuera, sino que los llevaban dentro, con ellos, por eso no podían escapar. Esos enemigos eran la codicia, la envidia y la falta de amor. Por más valiente que fuera, el caballero no lograría vencerles: eran muchos y muy peligrosos.

El caballero de nuestra historia no era de los que se daba por vencido fácilmente. Por eso, pese a las advertencias del viejo sabio, decidió volver para enfrentar a esos enemigos misteriosos que aterrorizaban a la gente en el mundo real. Llevó consigo todas sus armas, las de combate y las mágicas.

El valiente caballero ofreció sus nobles servicios a todo el que lo encontraba. Sin embargo, la única respuesta que encontró fue la indiferencia y la desconfianza. Parecía como si nadie quisiera erradicar esos temores. No querían su ayuda, ni les interesaba cambiar.

Afligido por la actitud de las personas en el mundo real, se fue a caminar por un bosque. Tan distraído estaba que no vio una gran piedra en el camino; tropezó y cayó. No había llegado al suelo, cuando escuchó unas fuertes carcajadas. Cerca de él había un niño que casi se muere de la risa al ver la caída del valiente caballero. Este se enfadó y se dispuso a recriminarle, cuando reparó en el brillo de sus ojos.

El niño reía sin parar, con un hermoso brillo en su mirada y no parecía tener miedo. De pronto, nuestro valiente caballero lo comprendió. El arma para acabar con el miedo de los humanos era la risa y la inocencia. Esa era la respuesta. Desde entonces, va por el mundo tratando de hacer reír a todos, para que vuelvan a ser inocentes y felices.

Recordemos que la actitud es una decisión, que la risa es una de las mejores armas y que, en el fondo, aún somos ese niño o niña que un día fuimos.

¡¡Feliz semana a todos y no os olvidéis de sonreír por favor!!